Be a PERSON my friend

Vivimos en una sociedad donde se habla continuamente de inclusión. Dónde parece que cada uno puede ser como quiera y podemos expresar tranquilamente como nos sentimos.

Però hay un poco de trampa en ello.

El mundo está lleno de personas, todas ellas diferentes la una de la otra, des del Homo Sapiens hasta hoy cada persona es diferente de sus iguales. Hace miles de años el grupo podía marcar la forma de vestir o utilizar herramientas y crear arte como identidad. Y ahí voy, somos seres sociales, y necesitamos al grupo para sobrevivir. En un principio los grupos de personas estaban configurados por pocas personas, pero actualmente vivimos miles de personas en el mismo sitio. Eso hace que nos relacionemos con mucha gente distinta, podríais pensar que eso hace que nuestra identidad sea más complicada, pero tranquilos, existe una normalidad social, según la cual cada persona es semejante a las demás por atributos parecidos a los de nuestras sociedades más primitivas, la forma de vestir, la forma de actuar, los modales, están regidos por unas normas que marcan cómo debemos movernos, vestirnos, actuar e incluso cómo debemos pensar. 

Eso hace que muchas personas no nos sintamos reflejadas en esa sociedad, que sintamos que no nos representa y nos sintamos eternamente diferentes y excluidos. 

Algunos abogan por abandonar sus diferencias para integrarse al grupo, teniendo una ansiedad de base por no ser uno mismo. Eso marca a muchas personas que se sienten que no son fieles a sí mismas, y genera muchas inseguridades. Otras deciden ser como son porque así les ha dicho la sociedad que pueden ser, però al no encajar en los grupos como el colegio, el trabajo y demás, se tornan unos marginados lo cual también genera inseguridades y por su parte mucha ansiedad. 

Y entonces, ¿cual es el camino de sentirte integrado, dentro de diferentes grupos sociales, sentirte auténtico y no sufrir inseguridades? 

Esta pregunta es muy difícil de responder porque dependiendo de cómo hayas vivido tu vida y tu diferencia tendrás diferentes inseguridades, no hay 10 pasos mágicos para calmar tu inseguridad y por ende tu ansiedad. Pero no está todo perdido. Las personas que nos sentimos diferentes solemos tener un espíritu crítico más acentuado, y ahora estarás pensando ¿de qué me sirve este espíritu si no me siento bien? El grupo y su aceptación son muy importantes, pues como decía antes somos seres sociales y necesitamos del grupo para sentirnos bien. 

Desde mi punto de vista la única forma que te va a permitir sentirte bien contigo mismo y ser aceptado por los demás es ser tal como eres, encontrar la mejor versión de ti y abandonar la necesidad inherente de caer bien a todo el mundo. Esto no es difícil con nuestro círculo de amigos elegido, ya que intentamos elegir personas que nos rodeen y nos acepten tal como somos, personas con las que sentirnos agusto y poder ser sinceras. El problema real radica en la escuela, en el trabajo, en aquellos grupos de personas impuestos que no podemos elegir. 

Encuentra para esos círculos la mejor versión de ti, pero sigue siendo tu misma, hay un delicado equilibrio vestido de respeto por los demàs, que te ayudará. No cambies tu forma de vestir, andar y mirar a los demàs, da tiempo a la gente a aceptarte tal como eres.  Y surgirá una especie de màgia, por la cual algunos ni te hablarán y otros entenderán que a tu lado pueden ser sinceros sin ser juzgados. 

En definitiva si te sientes Person, se person. Somos como somos y luchar contra ello solo nos lleva a inseguridades y ansiedades innecesarias. 

Relato de cuarentena 6

Es tarde, por la noche, pero ella no puede dormir, no deja de pensar en lo que sucederá mañana. Y es que acaba la semana santa. En los tiempos que corren el gobierno ha decidido que algunas personas pueden volver al trabajo, o sea que ella mañana deberá volver a la rutina y regresar a su vida anterior, pero solo mientras esté trabajando porque después de trabajar se quedara otra vez en casa. Puede trabajar pero no ver a sus amigas, su madre, sus sobrinas, …

Como tantas otras personas se pregunta cuál es el sentido de todo esto. Puede coger el autobús e ir a trabajar, encontrarse con sus compañeros, todo con mascarilla y guantes, pero no puede salir al parque con su perro y un grupo de amigos a pasar la tarde. Parece que la mascarilla es más efectiva por la mañana que por la tarde.

Por otro lado, salir de casa le da al mismo tiempo miedo y pereza. No acaba de entender muy bien la estrategia y porque no, vamos a reconocerlo, está asustada. ¿Asustada de pillar el virus? sí también, pero sobre todo está asustada de volver a lo que llaman “vida normal”. Que para ella significa correr todo el día de un lugar a otro sin disfrutar nada de lo que hace. El parón de la cuarentena lo empezó de mala gana, no poder salir de casa la agobia mucho, pero pasada la primera semana, perdiendo el tiempo viendo series tirada en el sofá. Decidió que no le parecía agradable. Y empezó con una rutina que luego relajó, entre recetas nuevas, libros leídos, y empezó a dibujar mandalas y Zentangle que no tenía ni idea de lo que eran. Se animaba entre concierto online y videollamada y al final, no está tan mal. Y ahora que ha llenado todo este tiempo de cosas interesantes y ha descubierto otras sobre sí misma. Tiene que volver al trabajo.

Y es que está harta de no ver gente, pero no de estar en su casa. Está harta de no poder dar besos y abrazos, pero no de sus horas de dibujar y hacer pasteles, y comerlos. Preferiría compartirlos con alguien, pero lo que no quiere, es no tener tiempo para ella, no tener tiempo en general. Pero cómo evitarlo. Mañana volverá a madrugar aunque hoy no pueda conciliar el sueño, y aún no sabe cómo va a hacer para compaginar ese tiempo tan precioso que ha conseguido tener estos días de cuarentena, con el horario infame de su trabajo, y con pagar las facturas.

Tiene miedo, miedo de volver a la “normalidad”.

Para reconfortarse, piensa que aquellos aplausos de las ocho, que empezaron como aplauso sanitario y poco a poco, se han convertido en el ratito que pasamos entre vecinos. ¿También la aplaudirán a ella?, y a todos los que volverán al trabajo. Con este reconfortante sentimiento de apoyo mutuo, consigue dormirse. Mañana será otro día.

Relats de Quarantena 5

Dia 42: Sant Jordi

Avui és sant Jordi, per primer cop en molts anys no podrà agafar-se el dia a la feina per anar a passejar, sense nens, pel centre de Barcelona. Esmunyir-se entre la multitud i tocar milers de planes de llibres, milers de portades, llegir potser algun petit capítol, amagada a la cantonada del taulell. No podran gaudir del sol ni de veure la ràdio en directe com fan un programa ple d’experts lectors i escriptors que hi van a dir la seva, un dia sense cues perquè aquell autor ens signi el seu llibre. I sobretot un dia sense passejar. Després de caminar sola pels carrers plens de gent de Barcelona amb els peus esgotats, es trobaria amb la seva germana, i aniran a la plaça Sant Felip Neri a quarts de quatre a escoltar als Txarango amb el megàfon, i potser seria el darrer any que ho haurien escoltat, ja que el grup es dissol. Com si fossin adolescents que esperen quelcom diferent, potser només per fer del dia una altra tradició, cantarien a pulmó totes les cançons, mentre es treien jaquetes per la calor de la multitud. Després anirem a menjar un entrepà a plaça sant Jaume, si la cua ho permet.
A la tarda desplaçar-se fins a l’escola dels nens, que toca sessió de teatre de Sant Jordi i aquest any la petita li tocava fer de princesa. Ho hauria fet molt bé. Tot d’un plegat l’omple de pena, el sentiment de perdre el seu dia preferit de l’any, de perdre les passejades, de cantar que «avui pels carrers de Barcelona, maldestres traficants canviant llibres per roses» de rebre la seva rosa i posar-la en un gerro amb la de les nenes. De rebre un llibre que no s’espera i que a vegades ni li agrada, però rebre sempre és meravellós. I regalar, llibres comprats a les parades del centre i del barri, a les nenes, al Joan, als avis i les àvies. I comprar-ne un munt per ella mateixa, que potser no tindrà temps de llegir. Començar el primer bevent un cafè en un bar mentre el brogit de fora s’ensordeix.
Avui no podrà fer res de tot això, per primer cop a la vida, Barcelona no es vestirà de llibres i Roses, no podrà passejar pels carrers ni entrar a un bar a fer un cafè i començar un llibre nou. Avui toca quedar-se a casa. Pel virus i el confinament, que ja porten 42 dies i ja no sap on posar-se. Pel cap li ronda la idea que això no pot quedar així, que aquest dia ha de ser especial i que no li val compartir la foto d’una rosa a les xarxes.
Uns dies enrere va intentar comprar llibres a través d’internet, però va ser incapaç, no li diuen res a través de la pantalla, els ha de tocar, els llibres li han de parlar. Així que decideix que ja els comprarà quan obrin les llibreries, que ja els hi caldran aquests diners, que tothom hi vagi en massa a ajudar-los a sostenir els seus petits negocis. O sigui que avui no hi haurà llibre nou, però encara li queden de l’any passat.
El que està clar, és que la festa hi ha de ser, i encara que només tinguin la casa per fer-la, ho haurem de fer. I comença a pensar on pot posar parades de llibres i contes pel menjador. I busca amb què disfressar una princesa, un drac, una Cavallera i un rei desesperat.
Pensa cantar Txarango amb la seva germana per videotrucada.
I convertir aquesta diada, en un dia molt especial, diferent dels altres 42 dies de quarantena que ha viscut, i diferent de tot. Perquè avui es Sant Jordi i no se’l pensa perdre.

Feliç Sant Jordi a totes i tots, convertiu-lo en quelcom especial.

Relatos de cuarentena 4:

Dia 12: Música para la esperanza

Buenos días le grita el corazón, y se levanta, antes de que asome el primer rayo de sol. Un café a solas, en su casa ruidosa, en silencio, todo el mundo duerme, y es que estos días nadie madruga, para que lo van a hacer, solo los adoradores de la madrugada están despiertos, aquellos que no han encontrado a Morfeo aún, y aquellos que inquietos se levantan muy pronto. Sale a su terraza, café en mano y observa al vecindario, nunca los había sentido tan cercanos, nunca se habían saludado des del patio interior, nunca su terraza había tenido tanta expectación.

Por los primeros días del confinamiento pensó que necesitaba hacer algo para los demás. Cuando empezaron los aplausos, fue la primera en salir y la última en irse, y se le fue fraguando una idea en la cabeza, hay que animar esto, hay que encontrar un momento para desconectar. Las noticias no son muy esperanzadoras, una curva que nunca baja y el mandamiento único de quedate en casa, como respuesta de todas las angustias, cada día la llama alguien, este está enfermo, aquel se va al hospital. Ella les dice que llamen a los teléfonos, que no salgan de casa. Por suerte a día 12 ya parece que todos lo han entendido, en casa se está mejor, y si sales lavate las manos al llegar y no te toques la cara.

Por el camino tutoriales de mascarillas en YouTube y maquinas de coser a toda marcha haciendo material casero de protección. Al salir al mercado se fija, hay todo tipo de mascarillas en la calle, algunos con guantes de látex, otros con guantes de moto y le asalta la duda de si irá poco protegida. Mantiene la “distancia social” un metro y medio y saluda con la cabeza a las conocidas.

Su idea no es difícil, algo que haga feliz a la gente con los medios de que dispone en casa. Al llegar del mercado la propone al resto de la familia, estamos a día 5 de confinamiento y en su casa hijos y marido viven en una nube gris que le parte el alma. Al principio reciben la noticia con escepticismo, todo es muy complicado, para que se van a meter en esa empresa, y demás escusas. Pero ella no atiende a razones, se va a hacer y punto. Con su hijo mayor desempolvan los altavoces del altillo, eran para un proyecto de Dj que este chaval quería hacer y no siguió. La mesa de mezclas la conecta el pequeño al ordenador, y a las 5 de la tarde está todo listo.

A partir de ese día 5 de confinamiento a las 8 de la tarde, suena música y baile para todos los vecinos, se intercala el Flying Free, Chimo Bayo y Boney M, con otros éxitos del momento.

Cada mañana ella prepara una lista de las canciones que quiere poner, habla con sus hijos para que las busquen. A las 8h se aplaude ella la primera, la que más fuerte aplaude, la más vigorosa. Luego empiezan los temas clásicos, cada día suena el Resistiré del Duo Dinámico, y luego las canciones elegidas.

Ella sonríe des de su terraza y entona coreografías y bailes que sus vecinos siguen y vitorean des de sus balcones y terrazas. Y ella se siente como una diva en el podio de una discoteca, rejuvenecida, feliz y dinámica. El humor en su casa también ha cambiado, los hijos se pelean por elegir canciones, el padre coge el micrófono para dinamizar la fiesta. Y en esa media hora, el vecindario se sume en cánticos y bailes, que hacen que olviden el miedo.

Relatos de cuarentena 3

Dia 9

Se levanta pronto, hace años que no puede dormir mucho, será la edad. Hace lo mismo que todos los días, para ella no ha cambiado nada, o casi nada. Solo hay una cosa que ha cambiado sin remedio, el miedo, el miedo a morir empezó al perder a su marido, compañero de fatigas siempre y acompañante constante sobre todo en los últimos días de su vida. Su muerte la puso en alerta, ya pasan los años y cada vez está más cerca. Pero por ahora se siente tan viva como siempre. Algunos achaques de la edad tiene, la artrosis no perdona y los huesos duelen a veces, sobre todo con la humedad. Pero a cierta edad dicen que si no te duele algo, es que estás muerta.
Limpia la casa, limpia sobre limpio porque apenas ensucia, claro viviendo sola, pero es la costumbre de los años, pasar la escoba, quitar el polvo, fregar el suelo… La rutina le da cierta tranquilidad, y tampoco se le ocurre qué más hacer durante el día.
Su hija la llama cada día, vive demasiado lejos para visitarla en estos momentos, ella tampoco la echa de menos, se hace uno rápido a la idea de lo prescindible qué es el ruido de los niños correteando por la casa, aprecia la tranquilidad. Cada vez que la llama le recuerda que no salga de casa, que si se pone mala tiene que llamar a este o aquel teléfono, ella los tiene todos apuntados.

Lo único que ha cambiado estos días es el silencio. Su balcón delantero da a la calle y su balcón trasero al patio de luces, en otros días más normales, salir al balcón delantero le transmite el trajín de una ciudad en movimiento, ruidosa, apestosa y muy movida, con la gente corriendo por encima de sus posibilidades. Con sus ojos de anciana que ya no tiene mucho que hacer mira al resto como si se hubieran vuelto locos. Pero de repente, des de hace 9 días, la cordura se ha apoderado de las calles. No hay nadie, los coches pasan en cuentagotas, y la gente que pasea al perro o va a comprar, lo hace despacio, pasean. No veía a nadie pasear des de que su marido volvía de su paseo diario con las manos entrelazadas a la espalda y la saludaba desde la calle, y no puede dejar de reconocer que esa calma tensa, le gusta.
Se hace unas alubias guisadas, le quedaran para mañana, cocinar para uno es muy complicado. Las come en silencio, hasta hace un par de días ponía las noticias, como ha hecho toda la vida, pero luego le quedaba un regusto amargo. Las noticias también van muy deprisa para ella. Prefiere escuchar la radio por la tarde, mientras se sienta en el sofá y hace una cabezadita, apenas 20 minutos, lo suficiente para recuperar fuerzas. Las tardes son largas, y sale al balcón, esta vez al de detrás, ahora más ruidoso que antes porque mucha gente aprovecha la tarde para estar en sus balcones, así ella se entretiene observando.
Una parte de ella piensa que tampoco es tan importante enfermar, incluso morir. A su edad ya se siente en tiempo de descuento, ha vivido todo lo que tenía que vivir, y si llega el momento tampoco se perderá tanto, solo una vieja menos y un número más en la estadística. Pero hay algo que empuja a vivir mientras tengas vida. Y el miedo a la muerte es algo inevitable. Decide seguir viviendo, seguir los consejos sanitarios y quedarse en casa. Lavarse las manos, le parece un consejo absurdo, algo que ella ha hecho toda la vida, antes de cocinar, antes de comer, antes de ir a dormir. Cada vez que sus hijos y nietos llegaban a casa les decía “lávate las manos” pero por las advertencias de la televisión parece que ya nadie se lava las manos al entrar en casa y ahora hay que lavarlas mil veces.
En el balcón llega la hora, y esa si que no se la va a perder, hay que aplaudir, a todos los médicos, enfermeras, celadores, … Que luchan en sus lugares de trabajo para que la gente muera lo menos posible, y se cure lo máximo posible. Ahí ve un buen motivo para seguir viva, aplaudir fuerte y emocionarse con sus vecinos, que sin salir de casa esperan ese momento de comunión en la que todos están de acuerdo.

Relatos de cuarentena 2

 

Dia 5: llegar a casa

Volver a casa después de un dia duro de trabajo, podríamos decir que el turno no se ha alterado y que total el trabajo no ha cambiado, pero la tensión se respira en el aire, es muy difícil luchar contra algo que no se ve y el agotamiento es mayor si tienes que andar todo el turno con el EPI puesto, bata desechable, mascarilla FPII, guantes, y gorro, todo para no salir de allí contaminado hasta las cejas. Y aún así no le quita de pensar que un montón de micro partículas invisibles están con ella para siempre y que las va esparcir por el mundo, que es una agente contaminante con patas.

Por las noches sueña que está atrapada en una bolsa naranja de reactivos peligrosos y no puede salir de allí. Las noches son difíciles.

 De camino a casa ve a mucha gente en la calle y en el metro, y se enfada por dentro, porque aún no han cerrado las empresas y cada vez llega más gente infectada al hospital, y los que salen del hospital también cogen el metro portando micropartículas en alguna parte que queda expuesta por fuera del EPI, aunque le hayan prometido que eso es imposible y que se están tomando todas las medidas y bla bla bla…

Al llegar a casa ve a su familia, todos confinados, y tiene que pedir a sus hijos que no se acerquen hasta que se haya lavado las manos, en el baño se contiene las ganas de llorar, porque se siente saturada, nerviosa, porque quiere ser más útil, dar más de sí. Porque siente que pese a hacer el máximo, nada es suficiente y la gente sigue enfermando y algunos muriendo.

 Se lava las manos, la cara, y se mete en la ducha. Aún no ha comido, pero tampoco tiene hambre. La situación parece no tener fin y solo hace 5 días que se empezó el confinamiento, le parece poco significativo y no entiende que aun haya gente que lo banaliza, que reconoce pasar de todo, y los ve con la mascarilla en una cama de la UCI. No quedan camas, no quedan salas por abrir, que harán a partir de ahora, no lo sabe. Supera su conocimiento, y los whatsapps de todos los familiares, preguntando ansiosos como está la situación no ayudan mucho. 

Tiene miedo de contaminar a los suyos y mira con distancia a su pareja, que le prepara la comida y pasa los días con las niñas, con toda la paciencia del mundo. Llegar a casa antes de todo esto, era un remanso de paz, ahora se siente incapaz de hacer nada distinto y pasa la tarde atendiendo a medias a las niñas y mirando frenética las actualizaciones de las redes.  Sabe que no debe hacerlo, que no va bien para desconectar, pero se siente atraída como un imán a la constante actualización de la maldita curva, que nunca deja de subir. 

Al salir del baño con la ropa de confinada, permite abrazos y besos. Sus hijas la arrullan y la acarician, la han echado de menos, y se sientan a acompañarla mientras come. Le explican lo que han hecho durante el día. La mayor le dice que tiene que comer para estar fuerte en el trabajo. A regañadientes le hace caso, se acaba el plato.

 Ven una peli y ese parece el único rato en el que desconecta del mundo. A veces incluso se relaja hasta dormirse, y la dejan descansar un rato. Las peques hacen payasadas y la hacen reír, ese rato es magia, y consigue relajarse. De repente se escucha un ruido en el vecindario, y las niñas dicen, mamá mira, te aplauden a ti. Decide salir al balcón, y se llena de los aplausos y los vítores de los vecinos, que agradecen su trabajo sin apenas conocerla. Y de repente le aflora una lágrima, de felicidad, de alegría, de saber que está haciendo tanto como puede, que es una pieza clave en la recuperación, que tiene que estar fuerte y positiva. Y se queda en el balcón, con toda la familia aplaudiendo, y los vecinos también. Y se siente querida y respetada. Y de repente se siente fuerte y con ganas de seguir cada día haciendo ese trabajo que siempre le ha gustado y que nunca había sentido tan importante. Desde su interior quiere que no cesen los aplausos. “No paréis de aplaudir, gracias!”

 

Agradezco a Raül Carballo la cesión de su fotografia que ilustra perfectamente este relato. No dejéis de visitarlo https://instagram.com/raul__carballo?igshid=1vixtporbl9q9 

Relatos de la cuarentena 1

Dia 3: Dias de balcón

Levantarse es lo más difícil, ¿para qué va alguien a levantarse si no tiene nada que hacer y encima no puede salir de casa?

Es increible, si nadie hubiera dicho que no podía salir de casa, se hubiera quedado todo el fin de semana tranquilamente descansando, però resulta que ahora está prohibido salir y solo se le ocurre hacer cosas fuera. De repente necesita salir a correr, aunque haga años que no lo hace, y se dice a sí misma que como no puede salir a correr, no merece la pena salir de la cama. Però tarde o temprano ganará el hambre, el hambre de desayunar, esa tostada con aguacate y queso….a riesgo de parecer pedantemente hipster desayuna pan de centeno con aguacate, queso seco y un te des de hace tiempo, no lo ha compartido con sus amistades, però ese desayuno la hace sentirse mejor, menos gases y le cubre el hambre con más eficacia que un croissant de chocolate. Oculta su hipsterismo del resto del mundo. 

Mientras prepara el té actualiza el chat del móvil, 50 mensajes coronan su grupo de memes, con diversión los abre esperando las joyas de la corona de los tiempos que corren, un residuo de risas aseguradas unas cuantas veces al dia. Qué sano es reír en estas circumstàncias, incluso necesario. Los mismos que dicen que el aguacate fortalece el sistema inmune insisten en que diez minutos de meditación y una buena risa también. Puede que la gente ya se haya dado cuenta que una buena risa es más sabrosa que un aguacate.  

Son las 12 de la mañana, 10 horas de sueño interrumpido por ratos de lucidez nocturna. Se dice mentalmente que si no consigue cansarse, no conseguirá dormir bien, y le asalta la necesidad de correr, seguida de la apatía de no poder salir a córrer. 

Desayuno en mano sale al balcón, estamos en Marzo y no hace precisamente calor, però ese contacto con el exterior le da tranquilidad, es el nuevo y moderno salir de casa, salir al balcón. Por todas partes aparecen videos de gente con grandes terrazas o incluso que viven en el campo. Ella los odia, y piensa, allí podría salir a correr sin salir de casa. Pero ella está encerrada en 40 m2 con 2m2 de balcón, por suerte es un balcón interior, y a su alrededor puede observar vecinos que también disfrutan del suyo. 

En cuanto se sienta a disfrutar del desayuno aparece como de la nada Jasp, y se le acurruca en la falda pidiendo cariño. Ella la acaricia mecánicamente, mientras divaga sin pensar muy bien en nada y bebe sorbitos de té hirviendo. Tiene que volver a la tierra para encontrar su tostada. Es entonces cuando se da cuenta.

¿Hay vecinos en ese piso? parece mentira pero nunca se había cruzado con nadie, oía ruidos de vez en cuando y pensó que era un piso turístico. A través del cañizo que le da intimidad observa una figura, que va y viene. Se mueve deprisa, de repente a ella le dan ganas de ocultarse de que no la vea de no hablar con nadie. Será que lleva tres días hablando únicamente online? sera que ya no se acuerda de hablar con las personas cara a cara. De momento decide observar. El vecino se sienta y se pone de espaldas a ella, ni siquiera se ha fijado en nadie al otro lado del cañizo. 

Ella acaba su momento hipster, se entretiene observando una pareja que toma un tímido sol, como si fuera verano. El vecino de enfrente prepara unos platos de Dj,¿ va a montar una discoteca en el balcón? parece que todo el mundo se ha vuelto un poco loco, vamos a tener que estar muchos días metidos en casa, empezaron diciendo 14 días, ahora la mayoría sabemos que serà más de un mes, viendo a Italia y China no hay más que hacer. Ella observa todas las actividades que se han creado online, hay de todo. Visitas guiadas a museos, recitales de poesía, conciertos en directo de algunos artistas. Se apunta en el calendario las que le interesan, esta noche toca Rozalén en directo por Instagram, prepara el evento para que le salga una alarma, ayer ya le pasó, perdió la noción del tiempo y no sabia que hora era, se le pasó el Skipe con su madre. Cuando habla con ella y el resto de sus amigas, le da por imaginar que està de Erasmus,  porque nunca había utilizado tanto el Skipe sin salir de su ciudad. 

Decide ducharse y vestirse, ya va siendo hora, aunque solo sea para despejarse. Pronto será la hora de comer, porque hay que comer, casi porque lo marca el reloj, igual que si fuera un domingo de resaca no tiene mucha hambre, quizás porque acaba de desayunar. Y así va pasando el dia, un rato de Netflix, la socialización online, y poco más. A las 20h hay que salir a aplaudir a los sanitarios, los verdaderos héroes de todo este tinglado. Los unicos que deberian estar yendo a trabajar.

Sale a aplaudir, se ha puesto una copa de vino, y ahí está, por primera vez oye sus aplausos, con vítores potentes, anima desde su reclusión a las sanitarias y a los sanitarios, ella aplaude timida, se asoma al balcón y sus miradas se cruzan, una sonrisa de complicidad por haber sido vista por alguien en estos días de reclusión y intimidad. El vecino aumenta el tono de su escándalo, y el resto de los vecinos gritan y aplauden, ella se emociona un poco, y por un momento parece que toda la desesperación que se esfuerzan en transmitir los medios de comunicación queda aplastada, por ese aplauso solidario y desinteresado, sincero a más no poder. que a parte de apoyar a los que trabajan codo con codo con el virus, también infunde ánimo y esperanza a todos los confinados en sus casas.

El fulgor va bajando, la gente apaga luces y entra en sus casas, y ahí están ellos dos, nunca se han dirigido la palabra, no saben nada el uno del otro. El se lanza, más desinhibido, “¿que tal, como lo llevas?” “¿bueno, aburrida, y tu?” “bien, que te voy a contar…” un silencio incomodo se interpone en su conversación, ella piensa como entrar de nuevo en su casa, porque quiere irse? lleva tres días sin ver a nadie, ni cruzar una palabra que no se online, ¿se ha olvidado de cómo se forma una conversación? entonces se ve preguntando por la última serie que ha visto en Netflix, no sabe muy bien porque però le sale aquel, “has visto…” y empiezan a hablar y conversar, y así se hacen las tantas, compartiendo con un extraño a través del cañizo del balcón.

Ja tenim el llibre a la venda

El 29 de setembre vam fer la primera presentació del llibre, relats per entendre els trastorns mentals, va ser molt emotiva i emocionant.

Era el primer cop que presentava un llibre, i evidentment és el meu primer llibre publicat. Vaig explicar perquè el vaig escriure perquè és tan important que el llegiu i el compreu. L’objectiu no és un altre que ajudar a la gent a entendre els trastorns mentals, en concret set dels més comuns que la gent pateix.

És parta d’Autisme, Depressió, Esquizofrènia, Trastorn bipolar, anorèxia, ansietat, Trastorn Obsessiu Compulsiu. El llibre es divideix en dues parts, la primera és un relat de cada trastorn i la segona una explicació des de la psicologia que relaciona els trastorns i els personatges dels relats. Tot plegat vol ajudar a la comprensió i acabar amb l’estigma que tenen les persones que pateixen aquests trastorns.

 

Us comparteixo una part del pròleg que en Mathew Tree ha escrit pel llibre:

«De: Matthew Tree

No es pot dir prou vegades: qualsevol cosa que ajudi a acabar amb la ignorància força generalitzada que existeix sobre els trastorns i malalties mentals – tant la ignorància dels que els pateixen com la ignorància dels que es creuen en el seu seny – no és només desitjable sinó imprescindible.

Em poso a mi mateix per cas: durant sis anys llargs, – dels catorze fins al vint – vaig viure obsessionat per unes pors que sabia que eren absurdes i del tot inversemblants alhora que no em podia treure del cap la sensació que també eren ben reals. No dramatitzo pas si dic que no desitjaria ni que el meu pitjor enemic tingués un trastorn d’aquesta mena. Aquells anys – que van acabar amb una al·lucinació espaordidora i una crisi nerviosa en què temporalment vaig perdre la capacitat de parlar – eren, per parafrasejar el tìtol d’un poema famós, la meva temporada personal a l’infern; i no, no exagero: es tractava, de fet, d’una doble vida, en què volia fer veure que no em passava res a la vegada que la meva ment m’estava dient, cada segon de cada minut de cada hora de cada dia, que una catàstrofe humiliant i vergonyosa em podia passar ara i ara i ara i si no ara, doncs d’aquí a un moment de res. I per entendre com és, viure això durant l’adolescència – l’època de les nostres vides en què ens sentim més vulnerables, més insegurs, més aprensius – se l’ha de viure en la pròpia pell.»

 

Si voleu adquirir el llibre ho podeu fer per internet o a les llibreries encarregant-lo us el portaran en 3 o 5 dies.

Ningú viu de publicar llibres

Escric aquest post mentre el meu primer llibre s’està coet al forn. Durant aquest temps he après moltes coses pel que fa a escriure un llibre i volia compartir-les amb vosaltres.
Escric des que tinc ús de raó, a l’escola guanyava els jocs florals, i tot i que fa de mal dir, m’aprovaven llengua per les meves redaccions, més que no pas per la meva ortografia (sort dels correctors, digitals i professionals).
He escrit relats i històries, broten del meu cap i passen als meus dits, però mai m’havia proposat publicar res. En acabar psicologia vaig tenir-la necessitat de compartir els meus coneixements amb tothom que hi estiguis interessat, i va ser així com se’m va acudir escriure relats sobre els trastorns mentals.
El primer que em va passar pel cap, va ser «que puc dir jo que no s’hagi dit ja» i és que en un món tan digitalitzat, on tothom té un blog i tothom diu les coses com li semblen, sembla que un hagi de buscar dir quelcom més interessant que l’altre. Doncs no, amb el temps m’he adonat que tots podem estar dient el mateix de mil maneres diferents i com que el món està ple de persones que llegeixen i interpreten de mil maneres diferents sempre hi haurà algú interessat en allò que hagis de dir.
Després vaig pensar que ser escriptor seria meravellós, i no parlo d’escriure alguns llibres, jo volia viure de l’escriptura, després de veure com funciona el món editorial, vaig veure que era complicat i un reputat escriptor em va dir «avui dia ningú viu d’escriure llibres» i és veritat. Per tant vaig deixar de pensar que guanyaré amb ell llibre. El simple fet que estigui publicat ja en tinc prou.
O sigui que si estàs pensant a escriure i publicar un llibre, fes-ho. No deixis que ningú et digui que el que escrius no interessa, accepta les crítiques i millora el contingut, però no deixis d’escriure. Si t’agrada escriure, no ho deixis mai i si vols publicar, endavant. És una gran aventura, com totes les aventures té trams del camí boirosos i d’altres amb un sol brillant, però al final seràs escriptor, i no és això el que volies?
Abraçades i paraules boniques. Estendre ens fa lliures.

Pòleg dels relats per entendre…

PER ENTENDRE, JUSTAMENT – UN PRÒLEG

De: Matthew Tree

 

No es pot dir prou vegades: qualsevol cosa que ajudi a acabar amb la ignorància força generalitzada que existeix sobre els trastorns i malalties mentals – tant la ignorància dels que els pateixen com la ignorància dels que es creuen en el seu seny – no és només desitjable sinó imprescindible.

Em poso a mi mateix per cas: durant sis anys llargs, – dels catorze fins al vint – vaig viure obsessionat per unes pors que sabia que eren absurdes i del tot inversemblants alhora que no em podia treure del cap la sensació que també eren ben reals. No dramatitzo pas si dic que no desitjaria ni que el meu pitjor enemic tingués un trastorn d’aquesta mena. Aquells anys – que van acabar amb una al·lucinació espaordidora i una crisi nerviosa en què temporalment vaig perdre la capacitat de parlar – eren, per parafrasejar el tìtol d’un poema famós, la meva temporada personal a l’infern; i no, no exagero: es tractava, de fet, d’una doble vida, en què volia fer veure que no em passava res a la vegada que la meva ment m’estava dient, cada segon de cada minut de cada hora de cada dia, que una catàstrofe humiliant i vergonyosa em podia passar ara i ara i ara i si no ara, doncs d’aquí a un moment de res. I per entendre com és, viure això durant l’adolescència – l’època de les nostres vides en què ens sentim més vulnerables, més insegurs, més aprensius – se l’ha de viure en la pròpia pell.

Sovint, massa sovint, aquest tipus de situació afecta als adolescents, precisament, perquè solen ser menys informats sobre els trastorns mentals, incloent-hi els propis. Jo mateix no tenia la més remota idea que existien els trastorns obsessius, fins al punt que estava convençut que jo era l’única persona al planeta – literalment – que era assetjada per les pors particulars que tenia. Si hagués sabut que aquestes pors tenien un nom, no hauria perdut un segon a demanar, ja als catorze anys (o sigui al començament de tot plegat) ajut professional, en comptes d’esperar fins que el cervell no va poder aguantar més.

Per tant, un llibre com el de la Mireia Parés, en què set dels trastorns mentals més comuns són explicats a través de contes infantils o juvenils (amb unes explicacions clíniques al final del volum) és, com hem dit, del tot essencial. Tant per als que pateixen o que patiran un o altre dels trastorns esmentats, com per als que no en pateixen però que tenen una idea del tot falsa (per manca d’informació) dels trastorns i malalties mentals en general.

Perquè els no-afectats són, per dir-ho així, l’altre costat de la moneda: els que hem patit un trastorn sabem perfectament que l’actitud del proïsme envers aquests trastorns és més aviat negativa. Moltes vegades, som – per a ells – bojos, pertorbats, alienats, guillats o tocats o bé del bolet o bé de l’ala.

Un cop diagnosticat i havent rebut el primer tractament (una barreja de psicoteràpia en grup i psicofàrmacs) els psicoterapeutes em van animar a buscar una feina i vaig trobar-ne una de ben senzilla en una companyia d’autocars; però al primer dia, vaig ser incapaç d’empènyer la porta i entrar-hi. Vaig fer una volta de l’edifici per calmar-me, seguit d’un altre intent de franquejar el llindar del meu lloc de treball. Vaig repetir aquesta operació – una volta tranquil·litzadora, un intent d’obrir la porta – dos cops més abans de rendir-me. I quan, l’endemà, finalment vaig aconseguir començar a treballar, passava els primers dies patint per si algú notés que estigués ‘boig’. (Fins que vaig descobrir que la majoria dels meus companys estaven com un llum de ganxo; això sí, sense ser-ne conscients).

O sigui, cal que els no-afectats per cap trastorn també en sapiguen quelcom, per tal d’evitar que tinguin una visió errònia dels que en pateixen; i també per tal d’ajudar-los, en comptes de tractar-los com uns marginats o uns casos perduts.

‘Relats per entendre’ és, a més a més, un llibre entretingut. Tot i que els contes, segons el cas, van dirigits a nens o adolescents, no dubto que hi ha molts adults que apreciaran la tria d’aquest format que els proporciona una introducció indolora a un tema que potser els inquieta o que fins i tot els fa una mica de por. De vegades no hi ha res com un conte senzill per aclarir dubtes, esbandir prejudicis i esmenar conceptes equivocats.

Benvingut sigui, doncs, aquest recull; i tant de bo que arribi com a més gent millor. Perquè no estem parlant de qualsevol cosa quan parlem d’un llibre divulgatiu sobre els trastorns mentals. Estem parlant, en el fons, d’un intent contundent de posar fi a les temporades que tantes i tantes persones passen o passaran a l’infern. O d’evitar, ras i curt, que n’hi passin cap.

 

Banyoles, abril, 2017